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DE COLORES ANTE EL CONGRESO

  • Foto del escritor: Dynamis Grupo Jurídico
    Dynamis Grupo Jurídico
  • 8 sept 2020
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 11 sept 2020


“La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír”

- George Orwell -

Mi día empieza como cualquier otro, pero realmente esperaba que su final fuera diferente, diferente para nosotros que en algún momento esperamos que se respetaran nuestros derechos de igualdad ante la ley para contraer matrimonio con parejas del mismo sexo, porque sabemos que el matrimonio ofrece la esperanza de compañía, comprensión y seguridad de que mientras ambos vivan habrá alguien para cuidar del otro.


A las afueras del recinto parlamentario de Baja California, México, decenas de integrantes de la comunidad LGBTTQI+ permanecían atentos a la resolución del Congreso sobre el dictamen de matrimonios igualitarios, misma que nos causó enojo y decepción al enterarnos que aquel dictamen regresaría a comisión para profundizar en su análisis.


A pesar de que la historia del matrimonio es de continuidad como de cambio, los derechos no deberían depender de fuentes antiguas, de lo contrario ¿dónde quedaría el desarrollo cultural y político?


Esto porque los cambios en la comprensión del matrimonio son característicos y necesarios en una nación donde las nuevas dimensiones de la libertad se hacen evidentes para las nuevas generaciones.


Porque el derecho a la elección personal con respecto al matrimonio es inherente al concepto de una autonomía individual. La decisión del matrimonio se encuentra entre lo más íntimo que un individuo puede tomar, esto es cierto para todas las personas sea cual sea su orientación sexual.


Por el contrario, uno de los argumentos que se utiliza en contra de los matrimonios igualitarios es el hecho de que permitir que las parejas del mismo sexo se casen dañará al matrimonio como institución al generar menos matrimonios del sexo opuesto. Pero no debemos olvidar que las decisiones sobre si casarse y criar hijos se basa en muchas consideraciones románticas y personales. Esto no significa que el derecho a casarse sea menos significativo para quienes no tienen o no pueden tener hijos, como hace alusión la legislación de Baja California.


La limitación del matrimonio con parejas del sexo opuesto puede haber parecido natural durante mucho tiempo, pero su inconsistencia con el significado central al matrimonio ahora es evidente. Es ilógico creer que el reconocimiento Estatal del matrimonio y el compromiso entre parejas del mismo sexo alterará las decisiones más íntimas y personales de parejas del sexo opuesto.


Es apropiado observar que estos casos involucran sólo los derechos de dos adultos consentidos cuyos matrimonios no representan ningún riesgo para ellos o para terceros.


Por otra parte, no podemos olvidar la rápida transformación de la sociedad y las costumbres que ha tenido lugar en las últimas décadas, durante las cuales hemos sido testigos de la superación del monopolio del modelo familiar denominado “normal” y tradicional, y el aumento simultáneo de coexistencias diferentes que aunque minoritarias, buscan protección, las cuales se inspiran en el modelo tradicional, y de ese modo, tienen como objetivo el ser considerados socialmente.


Es necesario reflexionar ¿es o no legítimo privar a una minoría de aquello que sí se concede a la mayoría? Si bien se contempla que la democracia es el proceso apropiado para el cambio, las personas perjudicadas no necesitarían esperar una acción legislativa antes de afirmar un derecho.


Por ese motivo un derecho humano no debería ser sometido a votación. Si bien es cierto que nunca es tarde para hacer justicia, las heridas no siempre se pueden curar con el trazo de un bolígrafo.

Jessica Minjares Hidalgo

Socia cofundadora de Grupo Jurídico Dynamis






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